La generación de la escasez ha tomado las calles de Cuba

Muchos de los miles de cubanos que en estos días claman libertad son jóvenes que vivieron en sus carnes lo peor del Período Especial

Los jóvenes dicen que anhelan una Cuba mejor y por eso salieron a las calles a gritar “patria y vida”. (EFE/Yander Zamora)
Los jóvenes dicen que anhelan una Cuba mejor y por eso salieron a las calles a gritar “patria y vida”. (EFE/Yander Zamora)

"La palabra hambre está grabada en mis huesos". Desde que nació hasta casi los 20 años, Rubén creció en el seno de una familia disfuncional donde padeció desnutrición. "Mal comía una sola vez al día", relata. Él es uno de los miles de jóvenes cubanos que en estos días protestan en las calles clamando libertad y el fin del actual sistema.

Como consecuencia de la falta de nutrientes, su cuerpo no se desarrolló normalmente. "Llegué a mi juventud con la apariencia de un niño de ocho años", asegura. "Cuando aprendí a luchar mi sustento en la calle fue que pude por fin alimentarme un poquito más". A partir de entonces, creció y recuperó lo que pudo. "Ahora soy uno de los que se comieron el miedo con el hambre, y voy pa' donde sea gritando patria y vida".

La escasez ha dejado marcas profundas en esta joven generación. "Recuerdo con tristeza que el pollo llegaba una vez al mes", cuenta Ignacio. "En una de esas ocasiones mi madre me dejó la comida servida para almorzar cuando llegara de la escuela, y entrando a la casa vi impotente que el gato de la vecina se llevaba mi ración mensual de pollo". Desde ese día odia profundamente a los gatos. "Y ahora estoy puesto: ¡abajo Díaz-Canel!", grita.

Yamila, madre soltera de 23 años, está desesperada: "No tengo leche, cuando cortan la electricidad no hay pan, no alcanza el arroz, no alcanza el azúcar, no hay carne, no hay nadaaaaaa", clama entre improperios. "Y tengo dos niños pequeños, ¿qué hago?". Ella fue una de tantas otras madres santiagueras que salieron el 11 de julio a la calle a manifestarse.

En una de esas ocasiones mi madre me dejó la comida servida para almorzar cuando llegara de la escuela, y entrando a la casa vi impotente que el gato de la vecina se llevaba mi ración mensual de pollo"

El trabajo en Cuba no resuelve las necesidades de la juventud, por eso son muchos los que buscan otras opciones. "Ya me gradué de ingeniero civil, como quería mi papá, pero ahora, a tirar pasaje en la moto de mi tío". Aquel domingo, Antonio era uno de los muchos motoristas que respaldaron la manifestación en Santiago de Cuba. "Yo no pienso pasarme la vida entera tirando pasaje. ¡Abajo el comunismo!".

"Oye, habla con tu tía que vive en Italia y dile que ando buscando a un yuma para casarme, ya no aguanto la vida en el monte, si aquí no hay nada, allá en Songo es peor", le pide Dalia, residente en ese municipio rural de la provincia de Santiago de Cuba, a su amigo Pedrito. "No importa si es viejo, aunque si es joven y fuerte mejor. Lo importante es que me saque de esta jaula. Tengo fotos en mi teléfono para que las envíes por internet".

La pareja de profesionales formada por Eduardo y Marta está desconcertada. "A nuestros hijos les dimos la mejor educación posible, conforme al modelo comunista", cuentan. Tras graduarse de la universidad, los hijos lo tuvieron claro: no podían seguir viviendo en Cuba, no querían seguir la estela de ruina, hambre y escasez que veían en sus padres.

Hoy la hija radica en Chile y el hijo en Bélgica, bien establecidos ambos en sus respectivas profesiones. Desde las trincheras en las redes apoyaron el estallido social en su patria.

Gisela cuenta estas cosas con cierta tristeza en el rostro. Se graduó como profesional de la Salud en 2018. "Comencé a trabajar ganando poco más de 1.000 pesos. Recuerdo que en aquel entonces con un dólar, que eran 25 pesos, podía transportarme ida y vuelta a mi trabajo y me comía un bocadito". Ahora, con la Tarea Ordenamiento, gana casi 4.000 pesos. "Supuestamente es más dinero, pero en la práctica estoy igual o peor. La misma transportación hoy me cuesta 80 pesos, 40 por cada viaje, y el bocadito sale en 20, en total 100 pesos, cuatro veces más que antes. Y eso sin contar que casi todo lo demás que necesito se vende en las tiendas de MLC [moneda libremente convertible], a la que no tengo acceso". Por eso, dice que anhela una Cuba mejor y salió a las calles a gritar "patria y vida".

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